Pautas para cuidadores informales después del confinamiento

Recomendaciones para mayores

Suara Cooperativa

[Publicación 28/05/2020]

El confinamiento y las consecuencias que se derivan de este, en muchos casos, han provocado tener que vivir una realidad muy difícil para ciertos colectivos. Uno de ellos, es el caso de las personas mayores con demencia u otras patologías, que las hacen dependientes, y que, por lo tanto, han necesitado la atención de un cuidador informal que ha tenido que dedicar las 24 horas del día, los 7 días de la semana, al cuidado de esta persona.


Todo cuidador necesita cuidarse a él mismo para poder ofrecer una mejor atención y cuidado a la persona atendida. El confinamiento, en la mayoría de casos, no ha permitido que muchos cuidadores puedan dedicarse este tiempo y, por lo tanto, han vivido la situación con un nivel de sobrecarga y estrés superior al que ya es habitual. Es por eso que, a medida que la desescalada del confinamiento lo permita, es muy importante que el cuidador pueda dedicarse tiempo a él mismo y cuidarse, para recuperar su equilibrio y bienestar emocional y, así también, poder continuar haciendo frente a las tareas de atención, de la mejor manera posible.


Durante el confinamiento, probablemente se han vivido muchos momentos de angustia, desesperación, cansancio y estrés, entre otros. Es muy posible que el cuidador haya llegado a sentir que no podía más con la situación y necesitar urgentemente tener momentos de desconexión, de respiro y oxigenación. Hay que tener en cuenta que, a pesar del deseo de que llegue el momento de poderse dedicar tiempo a un mismo, lejos del cuidado de la persona mayor dependiente, es posible que algunos cuidadores, una vez llegue el momento tan deseado, se encuentren perdidos sin saber qué hacer, se sientan vacíos, tristes e incluso echen de menos a la persona cuidada y quieran estar con ella. Si aparecen estos sentimientos, no nos tenemos que preocupar, ya que son normales. Hay que tener en cuenta que se ha generado una relación de cierta dependencia muy intensa y se han establecido unos roles que no se pueden modificar de un día para el otro.


El cuidador se ha convertido en la principal persona de referencia para la persona atendida y, por lo tanto, con este rol se ha podido sentir útil y productivo, pero a la vez esencial e imprescindible para el otro. Del mismo modo, la persona atendida puede haber sentido que dependía del cuidador y, más todavía, si ha sido el único y principal referente que la ha ayudado en el día a día. Por lo tanto, la separación, puede producir sentimientos de tristeza o melancolía, entre otros, por parte de ambos. Si estos sentimientos aparecen, tenemos que saber y tener en cuenta que son normales, que forman parte del proceso, y tenemos que identificarlos, reconocerlos y validarlos. Aceptar que son normales y forman parte de todo lo que hemos vivido, nos ayudarán a afrontar mejor la situación. Por lo tanto, también sería importante poder hablar de ellos y compartirlos con alguien próximo, alguien que esté pasando por lo mismo o, si es necesario, algún profesional.


El cuidador podría también experimentar algún sentimiento de culpa. Culpa por dedicarse tiempo, por volver al trabajo, por no continuar estando las 24 horas con la persona cuidada. El cuidador podría llegar a sentir que ninguna otra persona podrá cuidar a la persona atendida como lo ha hecho él, y podría ser que desconfiara y quisiera estar pendiente de su cuidado continuamente, a pesar de no estar en casa presente físicamente. Esto es debido al hecho de que se ha ejercido un rol durante mucho tiempo, de manera muy intensa y sin descanso, en unas circunstancias totalmente excepcionales. Esta culpa también es normal, puesto que recuperar tiempo para uno mismo cuando se ha estado tanto tiempo dedicándoselo a otro, puede provocar pensamientos negativos erróneos del tipo "el otro me necesita, no puedo hacer esto por mí mismo" o "soy el único capacitado para cuidar de la persona". Nuestros pensamientos tienen un efecto directo en cómo nos sentimos y en cómo actuamos. Por lo tanto, para trabajar estos pensamientos negativos, nos puede ayudar el hecho de plantear pensamientos alternativos más positivos que nos ayuden a ver la otra cara de la moneda.


Es importante que el cuidador reconozca sus límites y acepte que no puede llegar a todo, y que es momento de ceder parte del cuidado a otra persona. Poco a poco, el cuidador tiene que aprender a desprenderse de este rol para recibir ayuda y confiar que también lo harán bien. Es importante que el cuidador pueda tener una comunicación fluida con las personas que atienden a la persona en su ausencia, informarlos de sus necesidades y sobre todo confiar que lo harán bien y la persona atendida estará en buenas manos. Si transmitimos esta confianza y tranquilidad, la persona atendida también se sentirá más segura con la nueva persona que la cuide en ausencia del cuidador principal. En cambio, si este duda, se enfrenta y no confía, la persona atendida podría recibir esto de forma negativa, sintiéndose más tensa, desconfiada e insegura y, por lo tanto, tener mayores dificultades para establecer un vínculo de confianza con el nuevo cuidador.


En relación con como ir recuperando su tiempo, es aconsejable que el cuidador lo pueda ir haciendo de forma progresiva. Es decir, que no pase de estar todo el día cuidando a la persona a estar todo el día sin hacerlo, puesto que sino los sentimientos que aparecerían podrían ser más intensos. También es aconsejable que, pudiendo hacer el proceso de forma progresiva, el cuidador principal pueda compartir ratos con quienes suplirán el cuidado en su ausencia y, así, traspasar la información necesaria para atender a la persona. Esto puede aportar una sensación de mayor control al cuidador principal, sabiendo que el otro ya lo tiene todo "por la mano" y cuando se tenga que ausentar más tiempo, vivirlo con más tranquilidad.


Finalmente, no olvidarnos que es muy importante en todo momento informar a la persona atendida de los cambios que se producirán a partir de ahora en su cuidado. Hacerlo a través de un lenguaje que pueda entender de acuerdo con sus capacidades de comprensión. Se le tiene que poder brindar la ocasión de conocer quién será la persona que la cuidará a partir de ahora, si todavía no conoce a la persona, y facilitar pequeños contactos al principio para establecer el vínculo entre ambos. No tenemos que olvidar en ningún momento que es muy importante que tanto que la persona atendida como el cuidador se sientan bien y cómodos el uno con el otro, para que la relación y la atención fluya de la mejor manera posible y se establezca un vínculo de confianza entre los dos, que aporte seguridad y bienestar.