Juego libre en tiempo de confinamiento

Recomendaciones - Pequeña infancia

[Publicación 27/04/2020]


Inmersos en esta vorágine emocional que estamos pasando las últimas semanas, podemos caer en la tendencia de pensar que los adultos tenemos que ser los generadores principales de las actividades de los niños, perdiendo de vista que el impulso de los más pequeños hacia el juego es innato y nace de la misma curiosidad. Lo único que tendríamos que hacer en este sentido, es confiar en las capacidades y conocer cuáles son los intereses que los mueven en cada momento. Cuando hablamos de juego libre nos referimos precisamente a esto: a la capacidad de los niños para elegir aquello que quieren hacer en cada momento.


Aquí es cuando nos toca hacer el cambio de mirada y de actitud. Tenemos que pasar de ser generadores de actividades que pensamos que pueden ser estimuladoras, a escuchar aquello que pide el niño y proporcionar el espacio y los materiales que den salida a sus intereses.


A modo de ejemplo, y globalizante, durante los primeros años de vida, la relación que los niños tienen con los objetos es descubrir cómo son, y hacia el final relacionarlos entre sí. Entonces, y si dejamos a su alcance fiambreras, los vasos reutilizables de cuando salimos de picnic, algunas piezas de madera, de un juego de construcción de la hermana grande, alguna cuchara, una panera de mimbre, un pañuelo de tela, etc. Los podemos poner dentro de un cajón, y que los coja con libertad, o si todavía no se desplaza, podemos estirar al bebé sobre una alfombra y ponerle algunos a su alrededor, con la ventaja añadida de que el impulso de cogerlos estimulará su movimiento.


A partir del año, empiezan a estar en el momento del hacer. Con los mismos objetos harán infinidad de combinaciones. Una cosa que los estimula mucho es ver al adulto haciendo cosas con las manos. Pues dejemos que nos acompañe a hacer tareas. Mientras el adulto dobla ropa, el niño puede estar jugando con alguna tela, mientras friega los platos, puede darle algunos enseres de cocina para que los explore.


Entre los 2 y los 3 ya es posible que empiecen con un juego más de imitación, o incluso de simbolizar escenas de vida cotidiana, o imaginaria. Demos elementos que les permitan ponerse dentro de sus personajes, por ejemplo, u ofrezcamos espacio para que puedan construir el escenario donde transcurre la acción. Es posible que busquen compañía, entonces podemos entrar y salir del juego de manera intermitente.


Como ya hemos comentado estos son solo algunos ejemplos, pero si nos fijamos los mismos materiales, tienen cabida en cada una de las etapas, la diferencia es el uso que puede hacer el niño. Además, son materiales que, en mayor o menor medida, todos tenemos en casa y no se necesita ni mucha cantidad ni una preparación espectacular. Rompamos nosotros también los esquemas y busquemos el juego en las cosas más sencillas.


Es posible que estos días los niños estén más demandantes. Tenemos que entender que ellos también pueden vivir esta situación con incertidumbre. De golpe las rutinas cambian, y las situaciones laborales son diferentes en cada hogar, y, por lo tanto, el momento emocional que vive cada adulto también es diferente. En este sentido es importante que busquemos el equilibrio, incluso si es necesario marcar momentos concretos del día, en los que estaremos plenamente predispuestos a participar del juego. Esto no solo dará la certeza al niño de que habrá un momento donde tendrá al adulto a su disposición, sino que permitirá que nos relajemos sabiendo que tendremos estos momentos para disfrutar con plenitud de estos ratos de juego compartidos.